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José de San Martín, el extraordinario organizador del Cruce de los Andes

por prof. Virginia De Paolo

El Cruce de los Andes de 1817 fue la mayor operación político-militar efectuada en el marco del proceso revolucionario e independentista.

Y  José de San Martín fue la figura determinante.

Primero, porque palpó en el terreno que el avance por el altiplano era inviable, algo para lo cual contó con el asesoramiento de gente como Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes. Segundo, porque fue capaz, no solo de diseñar un plan de cruce de la cordillera, sino de ejecutarlo casi a la perfección.

Y es en la ejecución de la idea estratégica en donde San Martín se revela como un extraordinario organizador. Al frente de la gobernación de Cuyo, el futuro Libertador desplegará un trabajo incansable y constante hasta poner en pie de guerra 4.080 hombres, al frente de los cuales emprenderá la travesía andina en enero de 1817.

Ahora bien, ésta es tan solo la culminación de esta historia.

La misma hubiera sido imposible efectuarla sin esos 28 meses previos en los que San Martín gobernó Cuyo. …..Allí está la clave de esta historia.

En ese tiempo, la sociedad cuyana se transformó en un enorme cuartel en el que todos sus ciudadanos y sus recursos fueron puestos al servicio de la causa libertadora.

El genio organizador de SM se identifica allí. En la coherencia entre lo diseñado y su ejecución.

Y  en la selección del personal encargado de la gestión directa de las numerosas dependencias del ejército donde aparecen figuras como la de Fray Luis Beltrán, José Álvarez Condarco, Bernardo O’Higgins, Tomás Guido y un menos conocido Bernardo de Vera y Pintado.

El punto de partida para la conformación del Ejército de los Andes no fue militar, sino socio-político.

San Martín impuso una férrea disciplina social que, desde una óptica descontextualizada, podría ser tildada de autoritaria, pero que respondía a un escenario de guerra inminente contra un enemigo que podía invadir la provincia en cualquier momento.

Bajo un estricto control social, procuró siempre lograr el apoyo necesario para sus medidas por parte de la élite cuyana de hacendados, iglesia, comerciantes

De esta forma, fue surgiendo desde la nada misma la fuerza militar que resolvería la ecuación estratégica de la guerra de la independencia.

Los hombres se obtuvieron de una extendida recluta que tocó los intereses de los dueños de los esclavos (30 por ciento de ellos fueron incorporados al ejército, además de varios centenares enviados desde Buenos Aires), pero que también abarcó a otros sectores populares, como campesinos y trabajadores urbanos.

A ellos le agregó el marcial Regimiento de Granaderos a Caballo, la extraordinaria máquina de guerra creada por él mismo y que sería el nervio guerrero del ejército.

Claro que un ejército no se compone sólo de hombres. A esos hombres hay que alimentarlos, vestirlos, armarlos, instruirlos y, por sobre todas las cosas, pagarles el sueldo.

Por lo tanto, no puede sorprender la preocupación casi obsesiva para que las tropas recibieran su estipendio en forma regular, pese al altísimo costo monetario que ello implicaba.

Para sostener ese nivel de gastos fue necesario recurrir a las exacciones forzosas, la creación de nuevos impuestos y a la expropiación lisa y llana de las riquezas en manos enemigas.

Y allí un aspecto interesante. Los enemigos no solo eran los realistas confesos, también lo eran los tibios, los indecisos, los pusilánimes. Todos ellos cayeron bajo el peso del “plan sargentón”.

La otra dimensión fue la creación de una protoindustria militar que incluyó talleres en donde se fabricó pólvora, se repararon armamentos, se cosieron uniformes y se diseñaron y fabricaron las herramientas para el transporte de los cañones por la alta montaña.

Todo ello, además, generó una serie de eslabonamientos productivos que pusieron en movimiento a la economía cuyana. Desde la minería hasta la agricultura, pasando por los carreteros y los empleados públicos, todos los sectores debieron adaptar sus tareas a los requerimientos crecientes del ejército en formación.

La última instancia de la preparación consistió en la planificación táctica del Cruce de los Andes. Aquí, una vez más, San Martín y su grupo de asesores pusieron en evidencia una enorme capacidad para el diseño a gran escala.

El Cruce de los Andes implicó la movilización de 6 columnas simultáneas sobre un frente extendido de más de 800 kilómetros. Cuatro de esas columnas debían cumplir un rol de enmascaramiento del movimiento principal, que fue liderado por O’Higgins y Las Heras. Con precisión casi matemática, el ejército atravesó la cordillera para reunirse el 10 de febrero en Curimón.

Al día siguiente, San Martín tenía a su infantería preparada y su caballería montada gracias a los aportes que con celeridad le habían preparado sus espías en Chile.

De esta forma, el 12 de febrero, dos días antes de lo previsto en el plan inicial, el Ejército de los Andes desplegó en Chacabuco ante los sorprendidos realistas, que nunca atinaron a interpretar que lo que estaba ocurriendo era una invasión a gran escala desde Mendoza.

El resultado ya es conocido: los patriotas doblegaron al enemigo gracias a la resistencia de la infantería y a una fulminante carga del batallón N° 1 de Cazadores por el flanco.

El poder realista en Chile concluyó su derrumbe un año después, en los campos de Maipú, la operación de Cruce de los Andes fue un golpe decisivo para el desarrollo de la guerra de la independencia en todo el continente.

A partir de aquel verano de 1817, los revolucionarios del sur pasaron a la ofensiva, situación que ya no abandonarían hasta la batalla final de Ayacucho, en 1824 que selló la independencia sudamericana.

¿Que hubiera sucedido si este extraordinario estratega y organizador se hubiese detenido en participar en las luchas de facciones antagónicas, en lo chiquito, en lo particular y egoísta. Si hubiese ambicionado solo poder y riqueza personal? .

Pero él no lo hizo, superó lo individual para pensar en lo colectivo, en formar repúblicas soberanas, en proyectar el futuro

Qué lección para la historia!!, para las generaciones que le sucedemos….. Es por eso que la figura del Libertador,  sigue siendo inagotable fuente de reflexión para todos, no solo para quienes estudiamos su trayectoria, admiramos sus valores y su ética personal, para quienes  nos reunimos aquí todos los años, para recordarlo a viva voz y para entusiasmar en la idea que sin proyecto y organización, honestidad y coraje, no hay futuro.

Publicado el 20 de septiembre, 2017 | Por | En la categoría Actividades

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