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Bicentenario del combate de San Lorenzo

Bautismo de fuego de los Granaderos de San Martín

 

El año 1813 comenzó políticamente muy intenso para la independencia nacional. El nuevo gobierno porteño, el 2do. Triunvirato, convocó e inauguró el 31 de enero, la Asamblea constituyente y tres días después, en las barrancas de San Lorenzo en Santa Fe, el coronel José de San Martín libró el combate contra la escuadra española impidiéndoles el desembarco y posterior saqueo en busca de alimentos, del Convento franciscano de San Carlos y de las poblaciones vecinas.

Fue el 3 de febrero, y mañana se cumplen 200 años de aquel combate que duró apenas 15 minutos, pero que quedó grabado en la memoria histórica de los argentinos por su componente patriótico cargado de heroísmo, e inmortalizado en la famosa Marcha de San Lorenzo.

San Martín había llegado a Buenos Aires, en marzo de 1812, con un plan libertador sudamericano en su cabeza para concretarlo “cueste lo que cueste”. De inmediato fue convocado por el Gobierno para organizar el Regimiento. Era un soldado profesional que revestía el grado de Coronel, había luchado casi dos décadas al servicio de España, contra ingleses, franceses, moros en el norte de Africa. En su cuerpo estaban las huellas de aquellas batallas y contingencias que forjaron su carácter y su disciplina. Inmediatamente se dedicó a organizar el Regimiento de Granaderos a Caballo en la plaza de Retiro, un cuerpo profesional formado por criollos llenos de coraje.

Los marinos españoles ocupantes de la Plaza de Montevideo asolaban las costas del Paraná, el gobierno dispuso entonces que el Coronel San Martín con parte de su regimiento, protegiera la banda occidental de ese río desde Zárate hasta Santa Fe.

Remontaba el río la escuadra española. Era enero de 1813, y San Martín la siguió con 125 granaderos para llevar adelante un ataque en la primera ocasión que intentasen desembarcar.

La escuadrilla echó anclas frente a San Lorenzo, al norte de Rosario. Al amanecer del día 3, llegó el Regimiento al monasterio de San Carlos ingresando por la parte posterior al gran huerto cercado. San Martín desde el campanario de la capilla exploró con su anteojo de noche todo el entorno. A 300 metros al oriente se cortaba el pico de la barranca y se descubrían los barcos enemigos.

Se dispuso entonces a prepara el ataque. Entre el convento y el río se extendía la pradera donde se decidiría el combate. Los soldados españoles desembarcaron y subían la barranca, eran unos 250 hombres con dos cañones y se dirigían al convento. San Martín seguía sus movimientos y cuando creyó conveniente entrar en acción dio la orden: “dos minutos más y estaremos sobre ellos sable en mano”, exclamó.

Relata el historiador José Luis Busaniche: “El caballo esperábale en el patio. Montó con presteza y arrancó espoleando en procura de sus huéspedes. El capitán Bermúdez recibió las últimas órdenes, escucharon los soldados una arenga breve y marcial y sonó estridente el clarín en la mañana luminosa, tocando a deguello”.

Un escuadrón por la izquierda al mando de San Martín, el otro por la derecha comandado por el capitán Bermúdez, costearon los muros del convento al galope. Súbitamente irrumpieron en el campo para rodear al enemigo. Los españoles clavaron sus cañones, y dispararon los fusiles de modo que San Martín y sus hombres, al llegar en carrera recibieron muy de cerca la primera descarga. El caballo del jefe rodó por tierra alcanzado por una bala de cañón y apretó al jinete en su caída. Fueron en auxilio, varios granaderos, pero fue el sargento correntino Juan Bautista Cabral quien logró liberarlo, muriendo en el entrevero.

Los granaderos que venían detrás en furiosa embestida, causaron tales estragos en la infantería española que la obligaron a retroceder, en desorden, diezmada y vacilante. En pocos minutos fue llevado el enemigos hasta las barrancas y desde los barcos partieron los últimos cañonazos. Los vencidos reembarcaron dejando su bandea, cañones, fusiles y prisioneros.

La suerte del combate no fue dudosa por tres minutos ni para un ojo inexperto como el mío. En un cuarto de hora, el terreno quedó sembrado de muertos y heridos”- escribió Juan Parish Robertson, un viajero inglés que presenció el combate.

San Martín con una lesión en la cara y un brazo dislocado, escribió el primer parte del combate a la sombra del pino en la huerta del convento que envió a Buenos Aires.

La Asamblea de diputados reunida allí, al sancionar ese mismo año, el Himno nacional incorporó aquel hecho de armas a las glorias de la patria naciente, dice:

“San José, San Lorenzo, Suipacha,

Ambas Piedras, Salta y Tucumán….”

Los españoles no se alejaron para siempre del río, la escuadrilla siguió río arriba e impidió por un tiempo las comunicaciones entre Santa Fe y Paraná. En agosto del mismo año, desembarcaron en Zárate…pero ésa, es otra historia.

Publicado el 6 de febrero, 2013 | Por | En la categoría Noticias

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